
Oración para una Limpieza Profunda después de una Sesión

Señor Jesús, gracias por compartir con nosotros tu maravilloso ministerio de sanación y liberación. Agradecemos especialmente a la Santísima Virgen María por su poderosa presencia. Agradecemos a los Santos Ángeles, especialmente a San Miguel Arcángel y a los Poderes celestiales, por su infalible presencia y ministerio sanador. Agradecemos a los santos por su tan necesaria y apreciada intercesión, incluyendo a (nombre de los santos invocados).
Te pido que derrames la Preciosísima Sangre de nuestro Señor Jesús ahora mismo sobre todos los presentes, sobre nuestras familias, seres queridos, nuestras posesiones y todas nuestras obras y ministerios. Que la Preciosísima Sangre inunde nuestra memoria, imaginación, emociones, sentido común, capacidad de reflexión y toda nuestra mente. Que inunde nuestros corazones. Que inunde todo nuestro cuerpo, mente, alma y espíritu, limpiándonos de cualquier influencia o espíritu maligno que pueda haberse adherido a nosotros u oprimirnos de alguna manera. Que el fuego del Espíritu Santo nos traiga sanación. Que el Espíritu nos sane, nos purifique y nos santifique.
Al avanzar, que la Santísima Virgen María extienda siempre su manto protector sobre nosotros, incluyendo a nuestros seres queridos, nuestras posesiones y nuestros ministerios, sobre todo lo que tenemos, hacemos y somos. Que los Santos Ángeles nos rodeen. Que seamos protegidos de cualquier maldición o hechizo maligno lanzado contra nosotros, o de cualquier represalia maligna. Que seamos completamente sellados en la Sangre del Cordero y protegidos por el poder del Espíritu Santo.
Si nuestro ministerio nos ha tentado con ira, impaciencia, lujuria o cualquier maldad, límpianos de esas tentaciones y reemplázalas con amor, alegría y paz. Que podamos seguir adelante hoy en paz.
Rociaré agua limpia sobre ustedes
para limpiarlos de todas sus impurezas,
y de todos sus ídolos los purificaré.
Les daré un corazón nuevo
y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes,
quitando de sus cuerpos sus corazones de piedra
y dándoles corazones naturales. Pondré mi Espíritu dentro de ustedes y haré que vivan según mis estatutos,
cuidadosos de observar mis decretos. Ezequiel 36
(Durante esta lectura, se rocía con agua bendita a todos los presentes, si es posible).