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Oración de liberación biblica

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La Palabra de Dios, nuestro Señor Jesucristo, ha destrozado el reino de Satanás y nos ha liberado de sus garras. Su poderosa Palabra en las Escrituras nos trae esta liberación y nos confiere una gran gracia al escucharla. La respuesta es: “Oh Señor, líbranos de todo mal”.


Y el Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho esto, maldita seas entre todos los animales domésticos y entre todos los animales del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre, y comerás polvo todos los días de tu vida.Gen 3:14

“Oh Señor, líbranos de todo mal”.


¡Cómo has caído del cielo, Lucero, ¡hijo de la aurora! ¡Cómo has sido precipitado por tierra, tú que subyugabas a las naciones! Tú que decías en tu corazón: «Subiré a los cielos; por encima de las estrellas de Dios erigiré mi trono… me sentaré en la montaña de la asamblea divina. en los extremos del norte; ¡escalaré las cimas de las nubes, seré semejante al Altísimo!».¡Pero te han hecho bajar al Abismo, a las profundidades de la Fosa!Is 14:12-15

“Oh Señor, líbranos de todo mal”.


Jesús le respondió: «Retírate, Satanás, porque está escrito: "Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto"». Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo.

Mt 4:10-11

“Oh Señor, líbranos de todo mal”.


En cuanto se fueron los ciegos, le presentaron a un mudo que estaba endemoniado. El demonio fue expulsado y el mudo comenzó a hablar. La multitud, admirada, comentaba: «Jamás se vio nada igual en Israel». Mt 9:32-33

“Oh Señor, líbranos de todo mal”.


Pero si expulso a los demonios con el poder del Espíritu de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes. Mt 12:28

“Oh Señor, líbranos de todo mal”.


«¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios». Pero Jesús lo increpó, diciendo: «Cállate y sal de este hombre». El espíritu impuro lo sacudió violentamente, y dando un alarido, salió de ese hombre. Mc 1:24-26

“Oh Señor, líbranos de todo mal”.


Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa. “Oh Señor, líbranos de todo mal”. Mc 3:27

“Oh Señor, líbranos de todo mal”.


Los espíritus impuros suplicaron a Jesús: «Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos». Él se lo permitió. Entonces los espíritus impuros salieron de aquel hombre, entraron en los cerdos, y desde lo alto del acantilado, toda la piara –unos dos mil animales– se precipitó al mar y se ahogó. Mc 5:12-13

“Oh Señor, líbranos de todo mal”.


Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros… Expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo. Mc 6:7,13

“Oh Señor, líbranos de todo mal”.


Esta mujer, que era pagana y de origen siro-fenicio, le pidió que expulsara de su hija al demonio.

Él le respondió: «Deja que antes se sacien los hijos; no está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los cachorros». Pero ella le respondió: «Es verdad, Señor, pero los cachorros, debajo de la mesa, comen las migajas que dejan caer los hijos». Entonces él le dijo: «A causa de lo que has dicho, puedes irte: el demonio ha salido de tu hija». Mc 7:26-29

“Oh Señor, líbranos de todo mal”.


Al ver que llegaba más gente, Jesús increpó al espíritu impuro, diciéndole: «Espíritu mudo y sordo, yo te lo ordeno, sal de él y no vuelvas más». El demonio gritó, sacudió violentamente al niño y salió de él, dejándolo como muerto, tanto que muchos decían: «Está muerto». Mc 9:25-26

“Oh Señor, líbranos de todo mal”.


Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos a la Gehena, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. Mc 9:46-48

“Oh Señor, líbranos de todo mal”.


El niño se estaba acercando, cuando el demonio lo arrojó al suelo y lo sacudió violentamente. Pero Jesús increpó al espíritu impuro, curó al niño y lo entregó a su padre. Todos estaban maravillados de la grandeza de Dios. Mientras todos se admiraban por las cosas que hacía, Luc 9:42-43

“Oh Señor, líbranos de todo mal”.


Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre». Él les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder de caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo». Luc 10:17-20

“Oh Señor, líbranos de todo mal”.


Había allí una mujer poseída de un espíritu, que la tenía enferma desde hacía dieciocho años. Estaba completamente encorvada y no podía enderezarse de ninguna manera. Jesús, al verla, la llamó y le dijo: «Mujer, estás curada de tu enfermedad», y le impuso las manos. Ella se enderezó en seguida y glorificaba a Dios. Luc 13: 11-13

“Oh Señor, líbranos de todo mal”.


El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga! Mt 13:41-43

“Oh Señor, líbranos de todo mal”.


"Hijo mío, respondió Abraham, recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento. Además, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de allí hasta aquí". Luc 16:25-26

“Oh Señor, líbranos de todo mal”.


Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único,lleno de gracia y de verdad. Jn 1: 1, 5, 14

“Oh Señor, líbranos de todo mal”.


Mientras estaba con ellos, cuidaba en tu Nombre a los que me diste; yo los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura….No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno. Jn 17: 12, 15

“Oh Señor, líbranos de todo mal”.


Los Apóstoles hacían muchos signos y prodigios en el pueblo. Todos solían congregarse unidos en un mismo espíritu, bajo el pórtico de Salomón. La multitud acudía también de las ciudades vecinas a Jerusalén, trayendo enfermos o poseídos por espíritus impuros, y todos quedaban curados.

Hechos 5:12, 16

“Oh Señor, líbranos de todo mal”.


Al ver que por la imposición de las manos de los Apóstoles se confería el Espíritu Santo, Simón les ofreció dinero, diciéndoles: «Les ruego que me den ese poder a mí también, para que aquel a quien yo imponga las manos reciba el Espíritu Santo». Pedro le contestó: «Maldito sea tu dinero y tú mismo, Porque has creído que el don de Dios se compra con dinero. Tú no tendrás ninguna participación en ese poder, porque tu corazón no es recto a los ojos de Dios. Arrepiéntete de tu maldad y ora al Señor: quizá él te perdone este mal deseo de tu corazón, porque veo que estás sumido en la amargura de la hiel y envuelto en los lazos de la iniquidad». Simón respondió: «Rueguen más bien ustedes al Señor, para que no me suceda nada de lo que acabas de decir».

Hechos 8:18-24

“Oh Señor, líbranos de todo mal”.


Un día, mientras nos dirigíamos al lugar de oración, nos salió al encuentro una muchacha poseída de un espíritu de adivinación, que daba mucha ganancia a sus patrones adivinando la suerte. Ella comenzó a seguirnos, a Pablo y a nosotros, gritando: «Esos hombres son los servidores del Dios Altísimo, que les anuncian a ustedes el camino de la salvación». Así lo hizo durante varios días, hasta que al fin Pablo se cansó y, dándose vuelta, dijo al espíritu: «Yo te ordeno en nombre de Jesucristo que salgas de esta mujer», y en ese mismo momento el espíritu salió de ella.

Hechos 16:16-18

“Oh Señor, líbranos de todo mal”.


El temor se apoderó de todos, y se decían unos a otros: «¿Qué tiene su palabra? ¡Manda con autoridad y poder a los espíritus impuros, y ellos salen!». Luc 4:36

“Oh Señor, líbranos de todo mal”.


Entonces se libró una batalla en el cielo: Miguel y sus Ángeles combatieron contra el Dragón, y este contraatacó con sus ángeles, pero fueron vencidos y expulsados del cielo. Y así fue precipitado el enorme Dragón, la antigua Serpiente, llamada Diablo o Satanás, y el seductor del mundo entero fue arrojado sobre la tierra con todos sus ángeles. Y escuché una voz potente que resonó en el cielo: «Ya llegó la salvación, el poder y el Reino de nuestro Dios y la soberanía de su Mesías porque ha sido precipitado el acusador de nuestros hermanos … 11 Ellos mismos lo han vencido, gracias a la sangre del Cordero … Apocalipsis 12:7-11

“Oh Señor, líbranos de todo mal”.


Oremos. Padre celestial, en la Palabra hecha carne, somos testigos de tu poder divino para atar al maligno y expulsarlo. Damos grandes gracias porque tu divino Hijo ha dado este mismo poder a los apóstoles. Al leer las Escrituras e invocar a la Palabra hecha carne, que el poder salvador de Cristo se manifieste una vez más, que el Espíritu de Dios venga sobre nosotros, que la sangre del Cordero nos inunde y seamos liberados de todo mal.

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